miércoles, 17 de diciembre de 2025

Memorias de un joven poeta

I

El mar se encontraba en calma, las flores se aireaban,

un muchacho jugaba con su hermano y otros bailaban.

La bella muchacha peinaba sus largos crines dorados,

al borde del balcón se hallaba ella y sus enamorados.

Los despacho rápido, sin rendirse estuvieron los infelices,

se atrevieron a tocar su suave piel y los mandó comer perdices.

Al final del día, la querida beldad no noto mi presencia,

escribo esto alabando como toma la vida con condescendencia.

Inaudito veo que bobalicones la persigan baboseando

para que sus fantasías no terminen funcionando.


II

Un mujik con su familia y una burra pasaba a mi vera,

el sol atravesaba el follaje del árbol dándome calor;

me sentí agradecido ya que quería una siesta en esta fría era

y los vi desaparecer pobres infelices, viajaban con dolor

ya que a su hijito no podían alimentar ni con cera

menos sobrevivir este invierno con ese pálido color.


III

Pase cerca de un acantilado y pensé si tirarme al vacío,

antes de abalanzarme sentí una punzada y ardor,

me tambaleé por la puñalada y me sentí como un crío.

Note mi miedo e intenté no caer pero me lo impedía el dolor,

mi vida pasó en segundos hasta impactar contra un río.

Desperté de un sueño profundo, repleto de frío sudor.



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